Largas filas por escasez de alimentos
Al finalizar el año 1971, aparecerían los primeros problemas económicos.
Tras la abrupta caída del precio del cobre; a causa del
incremento de los salarios reales y los controles de precio, se produjo una
contracción de las utilidades corporativas; aparecen las primeras señales de
desabastecimiento en el segundo trimestre de 1971, que concluyo con la
aparición de un floreciente mercado negro.
A finales de ese año, Fidel Castro visitó Chile por tres
semanas. Recorrió todo el país, fue en esa fecha que se empiezan a ver los
primeros síntomas del desabastecimiento, en especial de azúcar. En privado, el
líder revolucionario cubano manifestó su escepticismo ante la vía pacífica de
Allende.
Miles de mujeres opositoras salieron a las calles a
protestar haciendo sonar cacerolas vacías en reclamo por la falta de alimentos,
los llamados «cacerolazos».
La economía había dejado de crecer. El incremento de las
remuneraciones del sector público, la expansión de los subsidios a las empresas
públicas y el deterioro de la recaudación tributaria, no adaptada a un ambiente
inflacionario, generan un creciente déficit público de magnitud impresionante.
Todo este gasto se financió mediante emisiones monetarias inorgánicas del Banco
Central.
La fijación oficial de precios trajo consigo la escasez y el
«mercado negro», donde se vendían los productos a precios multiplicados. La
fijación gubernamental de precios - prohibiendo el sistema de precios libre - y
el estancamiento económico causaron la desaparición de productos básicos de
consumo en almacenes y supermercados, provocando largas colas de gente para
obtener sus mercancías.
Para enfrentar el desabastecimiento, el Gobierno creó las
JAP (Juntas de Abastecimiento y Precios), la que repartiría canastas de mercaderías
de acuerdo con las necesidades reales de las familias. Junto con ello se creó,
a fines de 1972, la Secretaría Nacional de Distribución, que centralizaría el
comercio mayorista. Estos anuncios aumentaron el problema, puesto que las
familias se trataron de aprovisionar de todo producto de consumo para enfrentar
el futuro racionamiento. Las nuevas instituciones resultaron ineficaces por sí
mismas, pues no existía la infraestructura necesaria para aplicar aquel sistema
de racionamiento.
La grave situación económica y el temor de ser estatizados
llevaron a la Agrupación de Dueños de Camiones liderados por León Vilarín, con
el apoyo de otros gremios, a realizar un paro nacional en octubre, agravándose
aún más los problemas de distribución. El paro contó con el apoyo monetario de
la CIA, que conspiraba para hacer caer el gobierno de Allende.
La oposición y otros gremios profesionales se
plegaron a la movilización, adhiriéndose ingenieros, abogados, odontólogos,
médicos, profesores, estudiantes y muchos más, quedando el país virtualmente
paralizado.
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